No más respuestas; mejores preguntas

Pensamiento crítico, inteligencia artificial y mejores preguntas en las organizaciones - Ernesto Yturralde

Las organizaciones del futuro no necesitarán más respuestas. Necesitarán mejores preguntas.

Autor: Ernesto Yturralde

Nivel de interés: Alto
Tiempo de lectura: 07 minutos

Hay un objeto que me acompaña con frecuencia en mis jornadas de aprendizaje experiencial. Ha recorrido miles de kilómetros dentro de mi equipaje y ha estado presente en salas de directorio, hoteles, centros de convenciones y empresas de muy distintos sectores. Nunca aparece mencionado en la agenda del taller y, sin embargo, termina convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de la jornada. Es una réplica de la legendaria lámpara de Aladino de Disney.

La coloco sobre la mesa junto al proyector y ocurre exactamente lo mismo. Las conversaciones se detienen por un instante, varias personas sonríen y alguien, casi inevitablemente, rompe el silencio diciendo: “¡Hay que frotarla!”. Yo respondo con la mayor seriedad posible: “Claro que sí, pero recuerden una regla muy importante. Pueden frotarla un máximo de tres veces. Si la frotan una cuarta, en lugar del genio aparece el mal genio.” Las carcajadas no tardan en llenar la sala. El hielo acaba de romperse y personas que apenas unos minutos antes estaban expectantes, comienzan a conectarse con el entorno.

Entonces invito a la primera persona a mi derecha a tomar la lámpara entre sus manos y que se presente culminando con su deseo a alcanzar en la jornada que estamos iniciando. Cuando termina, entrega la lámpara a otro participante y el recorrido continúa hasta que todos han tenido la oportunidad de presentarse junto a su deseo por alcanzar en la jornada.

Con los años he descubierto algo que nunca deja de sorprenderme. Cambian las organizaciones, los países, las culturas y hasta los idiomas, pero los deseos rara vez cambian. Alguien habla de construir una mayor confianza. Otra persona desea una comunicación más abierta. Aparecen el respeto, la escucha, la colaboración, el compromiso, la integración y el liderazgo. Es muy poco frecuente escuchar deseos relacionados con ventas, utilidades o participación de mercado. Antes de pensar en los resultados, las personas piensan en la calidad de las relaciones. Tal vez porque, en el fondo, comprenden que son precisamente esas relaciones las que terminan produciendo los resultados.

Cuando la lámpara vuelve a mis manos, la observo durante unos segundos y les digo que quiero hacerles una confesión. La sala guarda silencio. “La verdad es que esta lámpara no tiene ningún poder.” Algunos sonríen, otros esperan que continúe. Entonces agrego: “Los deseos nunca se cumplen por arte de magia. Ninguna lámpara, ningún genio y ninguna metodología pueden construir aquello que nosotros mismos no estamos dispuestos a construir.” Hago una pausa antes de concluir: “La verdadera magia comienza cuando dejamos de esperar que las cosas sucedan y decidimos hacer que sucedan.

Mientras observo las expresiones del grupo, suelo formular una última pregunta. Es una pregunta sencilla, pero casi siempre cambia el rumbo de la conversación. “Si ese deseo dependiera exclusivamente de ustedes, ¿qué comenzarían a hacer de manera diferente a partir de hoy?”. En ese instante ocurre algo muy interesante. Las personas dejan de mirar la lámpara y empiezan a mirarse a sí mismas. Los deseos dejan de ser aspiraciones y comienzan a convertirse en compromisos. La conversación ya no gira alrededor de lo que esperan recibir, sino de aquello que cada uno está dispuesto a aportar.

La lámpara únicamente abre una puerta; lo que realmente transforma a un equipo son las conversaciones que nacen a partir de una buena pregunta. He visto preguntas resolver conflictos que llevaban meses deteriorando una relación; he visto preguntas derribar suposiciones que todos daban por ciertas. También he visto preguntas abrir caminos donde antes solo existían excusas. Una buena pregunta tiene la capacidad de modificar la forma en que una persona interpreta la realidad, y cuando cambia la interpretación, también cambian las decisiones.

Durante décadas, muchas organizaciones invirtieron enormes recursos en encontrar respuestas. Contrataron expertos, recopilaron datos, desarrollaron indicadores, construyeron procedimientos y documentaron las mejores prácticas. Todo ello sigue siendo valioso y continúa formando parte de una gestión sólida y responsable. Sin embargo, el mundo ha cambiado; hoy las respuestas están más disponibles que nunca, prácticamente a un clic de distancia. En cuestión de segundos podemos consultar enormes cantidades de información, comparar alternativas, analizar escenarios, explorar diferentes perspectivas o solicitar recomendaciones utilizando herramientas de inteligencia artificial cada vez más sofisticadas, capaces de procesar volúmenes de información que hace apenas unos años resultaban impensables. Paradójicamente, cuanto más abundantes se vuelven las respuestas, más escasa parece una capacidad profundamente humana: la de detenernos a pensar antes de aceptarlas. La velocidad con la que obtenemos información corre el riesgo de hacernos creer que comprender es lo mismo que conocer y que conocer es suficiente para decidir correctamente, y no lo es. Una respuesta solo adquiere verdadero valor cuando encuentra una mente capaz de interpretarla con criterio, cuestionarla con honestidad intelectual y decidir si realmente merece convertirse en una acción.

Por esa razón, estoy convencido de que la ventaja competitiva de las organizaciones ya no dependerá únicamente del conocimiento que acumulen, sino de la calidad del pensamiento que desarrollen. Necesitarán colaboradores capaces de analizar, relacionar ideas, reconocer sesgos, escuchar argumentos diferentes, cambiar de opinión cuando la evidencia lo justifique y formular preguntas que otros ni siquiera habían considerado. También necesitarán la humildad intelectual para reconocer que ninguna respuesta es definitiva y que aprender implica revisar permanentemente nuestras propias certezas. El pensamiento crítico dejará de ser una competencia deseable para convertirse en una condición indispensable del liderazgo y en uno de los pilares sobre los cuales se construirá la sostenibilidad de las organizaciones del futuro.

Las mejores organizaciones del futuro probablemente no serán aquellas donde las personas respondan más rápido. Serán aquellas donde exista la libertad intelectual para preguntar con respeto, cuestionar sin temor, aprender de los errores y desafiar las ideas sin descalificar a las personas. Después de todo, la innovación rara vez nace de una respuesta conocida. Casi siempre comienza con alguien que se atreve a formular una pregunta distinta.

Cada vez que guardo nuevamente la lámpara dentro de mi maletín, recuerdo que nunca esperé encontrar un genio en su interior. Lo que siempre he esperado es mucho más extraordinario. Espero que, durante unos minutos, un grupo de personas descubra que la transformación de un equipo no depende de la magia, sino de la responsabilidad compartida. Que los deseos solo adquieren sentido cuando se convierten en decisiones. Y que las decisiones más importantes casi siempre nacen de una pregunta formulada en el momento oportuno.

Quizá ese sea uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. La inteligencia artificial seguirá ofreciéndonos respuestas cada vez más rápidas, más completas y, probablemente, más precisas. Pero seguirá existiendo una responsabilidad que ninguna tecnología podrá asumir por nosotros: decidir cuáles preguntas vale la pena formular y qué haremos con las respuestas que encontremos.

Porque, al final, los deseos inspiran el futuro que imaginamos. Las preguntas construyen el futuro que decidimos crear.

Para citar este artículo:

Yturralde, Ernesto (2026). 'Las organizaciones del futuro no necesitarán más respuestas. Necesitarán mejores preguntas.' Recuperado de https://yturralde.com/articulo-mejores-preguntas.html

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